Resumen
Objetivos:
Analizar con enfoque de género el contenido de las noticias sobre los
problemas de salud que afectan a ambos sexos (cáncer, infarto y
tabaco), o principalmente a mujeres (anorexia, malos tratos y aborto),
publicadas en los medios de comunicación escritos durante los años
noventa, y desarrollar algunas recomendaciones para la elaboración de
noticias de salud con enfoque de género.
Material y métodos: Análisis del contenido de las noticias de los temas mencionados de El País, ABC y El Mundo
(1991-1999). Fuentes de información: bases de datos informatizadas de
los periódicos. Muestra de 1.358 noticias que contenían los términos
seleccionados en la edición Nacional (malos tratos [57], anorexia [79],
infarto [118], aborto [330], tabaco [350], cáncer [422]). Conceptos
estudiados: «visibilidad», atribución de poder y paridad, y estudio con
informadores claves.
Resultados: Un 38% de las noticias
que identificaban el sexo de los periodistas fueron firmadas por
mujeres. Como actores de las noticias, los hombres (73%) fueron más
«visibles» que las mujeres (40%). La mayor presencia de las mujeres fue
como pacientes (14%) y la de los hombres como políticos (29%) y
médicos (24%).
Conclusiones: Pese a los esfuerzos realizados en los noventa, falta fortalecer el enfoque de género en las noticias sobre la salud.
Palabras clave:
Medios de comunicación. Género. Paridad. Adquisición de poder.
Sexismo. Infarto. Cáncer. Tabaco. Malos tratos. Anorexia. Aborto.
Introducción
En la Cuarta Conferencia Mundial de Naciones Unidas sobre la Mujer celebrada en Beijing (China)1,
España suscribía los Acuerdos de la mujer y los medios de
comunicación, como uno de los retos a lograr antes del año 2000 para la
promoción de la igualdad entre hombres y mujeres. Se plantearon 2
objetivos estratégicos: «Aumentar el acceso de las mujeres a la
expresión de sus ideas y a la adopción de decisiones en los medios de
difusión y por conducto de ellos». Es decir, incrementar su
«visibilidad» y capacidad de actuación en los medios, y «fomentar una
imagen equilibrada y no estereotipada de las mujeres en los medios de
difusión», o impulsar un trato paritario y no sexista. Para ello, se
instó a gobiernos, empresas de comunicación, y asociaciones
profesionales a tomar medidas, como la creación de órganos de
autorregulación y vigilancia de los medios de difusión, que elaboraran
directrices profesionales y códigos de conducta, que incluyeran el
enfoque de género en sus mecanismos de control y autocontrol, para
velar por la «visibilidad» y la equidad de género.
La
vida de los ciudadanos a título individual, y el buen funcionamiento
de la sociedad en conjunto, está parcialmente subordinada al flujo de
la información pública. En un entorno cada vez más global y segmentado,
la comunicación colectiva es imprescindible, pues tiene la capacidad
de señalar globalmente las amenazas para el sistema, contribuye a la
conciencia pública de situaciones que pueden convertirse en problemas
sociales, y difunde posibles soluciones2.
Los periodistas exploran la sociedad para detectar excesos o anomalías3,
y algunas son incluidas en sus agendas, para darlas a conocer a la
opinión pública. De esta manera, los medios son los filtros más
potentes entre el conocimiento público de los temas y la ignorancia3.
Este tamiz no es imparcial. Los encuadres periodísticos de los temas
no son neutros. Por ideología o como resultado de las limitaciones
impuestas por la propia comunicación, los medios simplifican su labor
recogiendo las partes más llamativa de los temas, e influyen con ellas
en las definiciones subjetivas de los receptores, y en las decisiones
públicas y políticas3,4. Por tanto, las instituciones
informativas tienen una tarea definitoria de la realidad. Y además, una
vez presentado el tema, mediante los espacios informativos se proponen
causas y se adjudican soluciones, de modo que las agendas mediáticas
ejercen inevitablemente una tarea de liderazgo con importantes
repercusiones en las soluciones que se proponen4.
Los
medios son capaces de construir un problema social producto de los
valores culturales y de las rutinas profesionales de los periodistas.
Dando a conocer y definiendo hechos amenazantes en muchos lugares y a
muchas personas simultáneamente, pueden transformar situaciones
indeseables (con componentes puramente objetivos) en auténticos
problemas sociales (con componentes, además, subjetivos). Pero no todas
las disfunciones captan la atención de los medios y las convierten en
problemas sociales. Es más, por amenazadora que resulte una situación,
la atención pública que se le va a prestar a lo largo del tiempo es
limitada5-7.
Los
medios, quieran o no los periodistas y las empresas informativas, son
una poderosa herramienta para la salud pública, puesto que las noticias
sobre los temas de salud y enfermedad con frecuencia cumplen los
criterios de noticiabilidad, y además son las fuentes de información de
temas de salud más utilizadas por la población, y en ocasiones por los
propios profesionales sanitarios e incluso la comunidad científica8.
Sin
embargo, cada vez con mayor frecuencia se va manifestando una
incomodidad con la realidad de las mujeres que reflejan los medios de
comunicación, en la medida que es parcial, y con el tipo de periodismo
que se practica, en la medida que a menudo es discriminatorio con las
mujeres y fortalecedor de valores erróneos. Se cuestionan los hechos que
son considerados noticia, la idea de mujer que se transmite, la
escasez de mención a personas del sexo femenino, a qué se les vincula,
cuál es la relación entre los sexos que se desprende de la lectura y
las conclusiones a las que llevan las informaciones objeto de noticias9-14.
El
objetivo de este trabajo ha sido analizar con enfoque de género
(«visibilidad» o aparición pública, «empoderamiento» y paridad) el
contenido de las noticias de problemas de salud que afectan a ambos
sexos (cáncer, infarto y tabaco), o principalmente a mujeres, ya sean
clásicos o emergentes (anorexia, malos tratos y aborto), publicadas en
los medios de comunicación escritos durante la década de los noventa.
Los objetivos específicos han sido, en primer lugar, determinar la
aparición pública de hombres y mujeres en las noticias, tanto en la
firma (autores/as), como en el título y cuerpo de la noticia; en
segundo lugar, identificar la contribución de las noticias al
«empoderamiento» de hombres y mujeres, mediante las categorías
profesionales o personales en que ambos sexos son presentados, incluida
la imagen de culpabilización de las personas que aparecen en las
noticias; en tercer lugar, examinar la paridad de las noticias,
mediante la comparación de los roles -sujetos de acción, de opinión, o
sujetos pacientes- con los que hombres y mujeres en sus categorías
profesionales o personales son presentados.
Material y métodos
En
la primera fase del estudio se ha realizado un análisis del contenido
de las noticias -de cáncer, infarto, anorexia, malos tratos, aborto y
tabaco- publicadas durante la década de los noventa, en los 3 diarios
nacionales de mayor tirada según la Oficina de Justificación de la
Difusión: El País, ABC y El Mundo. En concreto, para
recoger información de las noticias publicadas antes y después de la
Conferencia de Beijing (1995), se realizó una selección no aleatoria de
los años 1991, 1993, 1996 y 1999, excepto para El Mundo, en el
que se estudiaron los años 1996 y 1999 debido a que las fuentes de
información fueron las bases de datos informatizadas existentes en los
propios periódicos.
De
una población total de noticias (n = 2.480) -cuyo titular o contenido
comprendía uno o varios de los siguientes términos: cáncer, infarto,
anorexia, malos tratos, aborto y tabaco-, se seleccionaron todas las
noticias (n = 1.358) pertenecientes a la edición nacional: 57 de malos
tratos, 81 de anorexia, 118 de infarto, 330 de aborto, 350 de tabaco y
422 de cáncer. Por medios, el número de noticias fue de 586 en El País, 342 en El Mundo y 316 en ABC.
Para
la codificación de las noticias se elaboró un protocolo con 158
variables y un manual para codificadores. Para la codificación se
entrenó a un hombre (filólogo) y a una mujer (socióloga). La
concordancia en la clasificación de las variables estudiadas en el
análisis de 100 noticias fue superior al 80%.
Partiendo de la definición de sesgo de género14,
se acordó que éste existía en las noticias de salud, siempre y cuando
uno de los 2 sexos reciba un tratamiento informativo perjudicial, en
especial, cuando se compara con el recibido por el otro sexo. Para
ello, los conceptos estudiados han sido: «visibilidad», «empoderamiento»
y paridad.
Para medir la
«visibilidad» o su falta, se trabajó con las variables no excluyentes
referentes a la presencia de hombres y mujeres en la firma (autores/as)
y propiamente en la noticia.
Uno
de los indicadores de «empoderamiento» o nivel de control de mujeres y
hombres sobre su propia salud es observar quién tiene el protagonismo
en las noticias de salud: si en la noticia el protagonismo -en cuanto a
presencia- corresponde a políticos o profesionales, ésta contribuirá
escasamente a una visión de los pacientes como dueños de su propia
salud. O si, por el contrario, los pacientes son el centro de la
noticia, ésta contribuirá a dar una imagen en la que el proceso de
enfermedad o salud corresponde precisamente a quien la padece o
disfruta. Se cuantificó y comparó la presencia de hombres y mujeres en
función de variables no excluyentes relativas a las categorías
profesionales -médicos/as, académicos/as, escritores/as, famosos/as de
los ámbitos del espectáculo, cultura y deportes, y políticos/as- y las
categorías personales -pacientes o víctimas de malos tratos y
familiares de pacientes-. Por otra parte, se cuantificó la
culpabilización de la víctima en la noticia.
La paridad
es un concepto próximo al de «visibilidad» que añade a la igualdad
numérica que la mide la igualdad en las aportaciones que hombres y
mujeres hacen a la noticia. Por tanto, se ha entendido como falta de
paridad cuando, dentro de una misma categoría profesional o personal de
los sujetos de la noticia, se producen desequilibrios de las acciones
desempeñadas por cada sexo, ya sea en su papel de sujeto de la acción
que daba lugar a la noticia (hacer) de opinión (decir) o sujetos pasivos
del hecho que daba lugar a la noticia (padecer). En función de las
variables no excluyentes relativas a las categorías profesionales y
personales, se cuantificó y comparó la presencia de hombres y mujeres
como sujetos de acción, opinión y padecimiento de las noticias. Este
método también se reprodujo para el examen de la paridad según las
noticias fueran de cáncer, infarto, anorexia, malos tratos, aborto y
tabaco.
Las técnicas
estadísticas para el análisis del contenido fueron básicamente la
descripción de frecuencias y porcentajes y el desarrollo de tablas de
contingencia. Para la realización de este análisis se ha utilizado el
programa estadístico SPSS10.
En
la segunda fase de estudio, y con el fin de producir recomendaciones
para la elaboración de noticias de salud con enfoque de género, un
total de 14 informadores clave, profesionales (incluido el equipo de
investigación) expertos/as en o de los medios de comunicación y del
ámbito académico relacionado con la comunicación, filología, salud y
feminismos, participaron en una sesión de trabajo de un día de
duración, durante el cual se analizaron los conceptos de «visibilidad»,
paridad y sexismo en el lenguaje en las noticias de anorexia, aborto,
cáncer, infarto, tabaco y malos tratos a la mujer.
Previamente
a la reunión de trabajo se envió a cada experto/a un informe en el que
se sintetizaba la información resultante del análisis del contenido de
las noticias. Junto al informe se incluyó un cuestionario centrado en
cómo eliminar los sesgos de género relacionados con la «visibilidad»,
la paridad y el sexismo en el lenguaje en las noticias de los temas
mencionados anteriormente, para que lo respondieran y enviaran antes de
la fecha fijada para la reunión de trabajo. Sus respuestas fueron
presentadas junto con los principales resultados del análisis del
contenido para dar comienzo a la reunión. Una vez finalizada, se
extrajeron las conclusiones que dieron lugar a 12 recomendaciones para
la elaboración de noticias de salud con enfoque de género.
Resultados
En la figura 1
se puede observar la evolución de las noticias de los diferentes temas
de salud estudiados. Sobre todo el cáncer y el tabaco son los temas
que han acaparado el interés mediático, con una tendencia creciente
durante los años. Todo lo contrario que lo que sucede con el aborto.
Figura 1. Frecuencia de las noticias según los temas de salud
estudiados entre 1991 y 1999.

La
«visibilidad» de las mujeres, como autoras de las noticias, sigue
estando por debajo de la de los hombres aunque, como se puede observar
en la figura 2,
se está incrementando el número de informaciones en las que la
periodista firma su trabajo. De las 742 noticias en las que se pudo
identificar el sexo de los/las periodistas, un 60% fueron firmados por
hombres, y un 38%, por mujeres. Sólo un 1,6% incluyó en su rúbrica a
ambos. En los temas tradicionales fue predominante la firma de los
hombres: aborto (un 77% de autores frente al 20% de autoras), infarto
(el 65 frente al 31%), cáncer (el 54 frente al 45%) y tabaco (el 61
frente al 37%), mientras que en los temas emergentes (anorexia y malos
tratos) aparecieron más rúbricas de mujeres que de hombres (un 59% de
autoras frente al 31% de autores, y un 71% de autoras frente al 25%
autores, respectivamente).
Figura 2. Visibilidad según el sexo de los periodistas:
frecuencia de la firma de las noticias según el sexo
(1991-1999).

Ya
en las noticias, los hombres fueron más «visibles» que las mujeres: en
un 71,7% aparecieron hombres y en un 38,3% aparecieron mujeres. Aunque
la diferencia se hace mayor al analizar las noticias según aparezcan
hombres o mujeres en exclusiva, pues en un 41,6% aparecen solamente
hombres y en un 8,2% aparecieron únicamente mujeres. Por temas (tabla 1),
sólo en los malos tratos el umbral de presencia de las mujeres superó
al de los hombres, casi quintuplicándolo (el 24,6 frente al 5,3%). No
sucedió lo mismo con la anorexia, donde la presencia de mujeres y
hombres fue similar (el 19 frente al 22,8%). Por el contrario, las
mujeres son relativamente «invisibles» en las noticias sobre infarto,
cáncer, tabaco y aborto. Así, hay una escasa presencia de las mujeres
en las noticias de infarto (2,5%) en comparación con la mucha mayor
presencia de hombres (50,8%), cáncer (el 8,3% en las mujeres frente al
41,9% en los hombres) y tabaco (el 6,6 frente al 52,9%). Llama la
atención la frecuente presencia de hombres (36,7%) en las noticias de
aborto respecto a la de mujeres (6,4%). De forma complementaria, se
quiere destacar que en el análisis diacrónico de las noticias de cada
uno de los temas hay una tendencia constante de mayor «visibilidad»
masculina, con excepción del aumento relevante de mujeres en el tiempo
en las noticias sobre cáncer y tabaco.

Si bien la tabla 2
permite múltiples lecturas relacionadas con la adquisición de poder,
sobresale la menor cabida en el espacio mediático de las mujeres y los
pacientes, pues aparecen desplazadas frente a los médicos y políticos
hombres. Pero lo más destacable es que el rol con mayor representación
por parte de la población femenina en los medios es el de enferma.

Por
otra parte, también destaca que quienes padecen anorexia sean las
personas a quienes más se culpabiliza (un 34,6% de las noticias de
anorexia culpabilizaban a quienes la padecían). En segundo lugar, están
las noticias sobre el aborto, pues el 16,4% de ellas culpabilizan a la
embarazada o al médico que provocó el aborto. Siguen las noticias sobre
el tabaco (un 10,9% de las noticias culpabilizaban a los/las
fumadores/as), las noticias sobre los malos tratos (un 7% de las
noticias culpabilizan a la víctima) y, por último, el 1,7% de las
noticias sobre el cáncer también culpabilizan a quienes lo padecen. No
se menciona este tema en las noticias de infarto.
En
general, se han detectado problemas de paridad en las noticias
estudiadas, pues no hay igualdad en las aportaciones de hombres y
mujeres dentro de la misma categoría profesional (tabla 3).
Son las acciones y opiniones de los políticos, los médicos y los
científicos que no de sus compañeras de profesión, las que se reflejan
con mayor frecuencia en las noticias. Como complemento específico a
esta información, cabe mencionar que en un 79% de las noticias sobre el
cáncer, los hombres desempeñaron un papel activo (haciendo y
diciendo), mientras que las mujeres desempeñaron este papel en el 43,4%
de las informaciones. En el caso de las noticias sobre tabaco, también
los hombres lideraron la iniciativa (en el 90,6% de las informaciones
en las que hubo hombres, éstos hicieron o dijeron), más que las mujeres
(en un 82,5% de las noticias en las que aparecen mujeres, éstas hacen o
dicen). Finalmente, en el 70,9% de las noticias sobre aborto, los
hombres desempeñaron un papel activo diciendo o haciendo, mientras que
este porcentaje fue del 38,7% en las mujeres.

Los resultados de la reunión de expertos/as quedan reflejados de forma sintetizada en las recomendaciones del anexo 1.

Discusión
Los
resultados inducen a concluir que, durante los años noventa, las
acciones relacionadas con la comunicación en temas de salud han sido
uno de los puntos probablemente menos desarrollados por los Planes de
Igualdad. Pese a los esfuerzos de asociaciones de mujeres de los medios
de comunicación y de académicas/os, falta fortalecer el enfoque de
género en los mecanismos de autorregulación de la propia profesión9-12,14,16.
La
principal limitación del estudio -de carácter descriptivo pero con
vocación constructiva- es que se centra en el análisis de la
información producida por la prensa y falta el análisis del consumo de
la audiencia y del impacto de estas noticias en ella. Además, en este
sentido, la elección como objeto de estudio de El País, ABC y El Mundo
por su capacidad de liderazgo o de marcar agenda y por ser
preferentemente leídos por determinadas clases o grupos de elite, limita
las conclusiones en cuanto a la imagen de las mujeres en los medios en
los problemas de salud elegidos, y probablemente sería diferente si se
hubieran analizado estas noticias en televisión, radio u otros
soportes mediáticos destinados a mujeres. Por último, se ha realizado
un análisis del contenido explícito, y queda pendiente analizar el
discurso que los medios estudiados tienen sobre estos problemas de
salud y que depende de su ideología.
Aunque,
después de Beijing, casi se han duplicado las noticias firmadas por
mujeres periodistas, la «invisibilidad» de las mujeres en los medios de
comunicación comienza por ellas mismas. A similares conclusiones llega
una reciente publicación realizada a partir del Informe Quiralt17.
Este aumento puede relacionarse con el incremento de mujeres en las
redacciones, o porque 2 de los temas seleccionados (anorexia y malos
tratos), que ya eran tratados por mujeres con mayor frecuencia, han
saltado a la arena pública en los últimos años.
La
«visibilidad» de las mujeres es necesaria en toda la agenda mediática,
pero especialmente en las noticias de salud. Su falta de «visibilidad»
y la de sus intereses puede tener importantes consecuencias. Cuando
ciertos problemas, que afectan sobre todo a las mujeres, no aparecen
suficientemente reflejados en los medios, se contribuye a la falta de
interés por resolverlos (como ha sido el caso de la violencia de género
durante mucho tiempo). Cuando determinados tipos de noticias excluyen
sistemáticamente la alusión a las mujeres, se favorece la percepción
pública de que ciertas enfermedades se asocian a hombres (como sucede
con las enfermedades cardiovasculares). Cuando los medios dejan de
cubrir la esfera privada -y con ello la ocupación de un determinado
sector de la población-, infravaloran actividades, que no son
«visibles» pero que resultan fundamentales en el manejo y control de
las enfermedades (como ocurre con los cuidados de salud familiares).
Cuando los medios no reflejan en sus agendas los cambios producidos en
las vidas de las mujeres, en cuanto a su mayor participación en el
sector laboral remunerado (incluido el político, sanitario y científico o
cualquier otra tarea de prestigio social), están contribuyendo a que
las mujeres no se desarrollen en esos ámbitos7,18,19.
Pero
los daños para una parte de la población no sólo se producen porque no
aparezcan mujeres en los medios. El sesgo de género en las noticias de
salud se produce, también, cuando las aportaciones de las mujeres en
el campo de la salud o en otras esferas de la vida social no son
valoradas, o la participación de ambos sexos en los procesos de toma de
decisión no quede reflejada de forma equilibrada en los medios de
comunicación. El tratamiento informativo desfavorable o perjudicial a
las mujeres resta poder y, junto con su falta de paridad, contribuye a
restarles legitimidad a la hora de ejercer autoridad, esto es, en la
toma de decisiones19,20.
Se
expone a continuación una serie de conclusiones específicas de las
noticias de cada uno de los problemas de salud estudiados:
Enfermedades crónicas: cáncer e infarto
En
las noticias sobre cáncer e infarto, se podría estar perpetuando una
realidad sujeta a otros condicionantes extraperiodísticos, como los
intereses económicos -en donde la medicina es un campo abonado para
ellos-, las creencias científicas y populares, algunas de las cuales
son erróneas; la réplica de sesgos, como el de género, que se producen
dentro del sector sanitario.
Así,
pese a la elevada mortalidad, las noticias sobre infarto no son un
tema importante en la agenda mediática (en los años estudiados, son 3,5
veces menos causa de noticia respecto a las originadas por el cáncer).
Precisamente, la hiperbólica atención al cáncer de mama de los medios
puede ser uno más de los riesgos para la salud de las mujeres, en la
medida que dándolo a conocer con mucha más frecuencia que otros
problemas de salud más prevalentes en ellas -caso de las enfermedades
vasculares- puede contribuir a que tanto las mujeres como los
profesionales sanitarios y los políticos minusvaloren auténticas
amenazas para las mismas.
La
introducción de la perspectiva de género en las noticias sobre estos
temas, además de ser una estrategia para facilitar cambios en las voces
de las fuentes y las perspectivas de las noticias, es una herramienta
clave más para garantizar que la información sea exacta, en la medida
que ayuda a precisarlas.
Violencia de género
Durante
años, las noticias de violencia en los hogares han sido ubicadas en la
sección de sucesos. Sólo recientemente parece existir conciencia de
que dicha violencia reproduce una pauta de desigualdad de género, pues
la mayor parte de la violencia la ejercen hombres contra mujeres. Al
adoptar esta visión, las noticias que aparecían de forma aislada han
adquirido un sentido de conjunto, pasando a ser denominadas como
noticias sobre malos tratos y violencia doméstica o de género. Así, los
acontecimientos aislados, carentes de explicación, han pasado a ser
encuadrados dentro de un esquema explicativo común: la violencia
masculina dentro del hogar. Lo que ha impulsado a que desde otras
esferas sociales se desarrollen propuestas para la solución a este
«nuevo» problema. El caso de las noticias de violencia contra las
mujeres ilustra que existen ciertas realidades sociales que permanecen
ocultas o poco «visibles», y también que pueden llegar a ser
«visibles».
Tabaco
Los
medios de comunicación están realizando una campaña activa contra el
tabaco, que tiene la particularidad de mantenerse como contenido de
actualidad durante años. De los temas de salud analizados, sólo el
tabaco ha tenido una amplia y constante cobertura durante la década. La
presencia de mujeres en las noticias sobre el tabaco está aumentando,
pero aún son, junto con las de cáncer e infarto, en las que hay menor
presencia de mujeres.
Es
complejo identificar el impacto en la salud de esta campaña, en
especial, en la de las mujeres, pues se necesita conocer la audiencia,
los modos en que ésta se apropia de los contenidos informativos y hacer
una descripción completa de las características de los mensajes. A
partir de este trabajo difícilmente se puede ir más allá del análisis
del mensaje. Así, cabe destacar que las noticias sobre factores de
riesgo -tabaco en este caso- son especialmente proclives a la
culpabilización de la víctima, y afectan en ocasiones a colectivos como
el de las mujeres embarazadas.
Anorexia
La
cobertura mediática es una fuerza importante para el inicio de un
ciclo de interés público y político, y para transformar lo que era un
problema raro en una preocupación pública. En un artículo
paradigmático, Downs propuso que la historia de los problemas sociales
es la historia de su ciclo de atención5. Igualmente, se
podría afirmar que la historia de los ciclos de atención de los
problemas públicos es la historia de su ciclo de noticiabilidad. Éste
fue, para el caso de la anorexia, como sigue:
Fase preproblema.
Antes de 1999, las noticias sobre la anorexia eran ocasionales. Los
periodistas suelen detectar la mayor parte de los problemas aquí,
cuando sólo son conocidos por sectores concretos de población (personas
afectadas y expertas). En 1996 aumentan las noticias, enfocándolas
como suceso anecdótico, lejano y glamuroso que afectaba a jóvenes
modelos, o como problema médico en las secciones de ciencia y salud.
Sólo esporádicamente se explicita la responsabilidad de sectores
concretos, como el de la moda o publicidad.
Fase de descubrimiento alarmante del problema.
En 1999, al indicar el riesgo, los medios de comunicación ponen en
marcha el ciclo de interés público. Acontecimientos dramáticos de
modelos y deportistas produjeron un alud puntual de noticias que
visibilizaron la anorexia en los medios. El discurso cambia
radicalmente y se presenta como un verdadero problema social con
dimensiones políticas. Aquí es cuando la comunidad -poder político
incluido- hace el descubrimiento alarmante del problema. Desde este
momento, el tema traspasa la intimidad de las afectadas a la arena
pública.
Fase de toma de conciencia de los costes de las soluciones.
Pese a la complejidad etiológica y de la realidad de los trastornos de
la alimentación, durante el debate político realizado en el Senado,
los medios formularon el problema de la anorexia en términos de juicio
público, donde presentaron al bando acusador (fundamentalmente
afectadas/os y los políticos/as) y al de los acusados (sector de la
moda, deporte y los propios medios de comunicación). Y aparecían
noticias ocasionales con soluciones rápidas para paliar el problema:
«El Ministerio convoca a los expertos para luchar contra la enfermedad»
(El Mundo, 17-3-1999) o «Guerra a la talla 36» (ABC, 16-3-1999).
Fase de decrecimiento gradual del interés.
Aunque al comienzo del debate los colectivos directamente señalados
(sobre todo la moda) se defendían y eximían de responsabilidades, al
final las asumieron públicamente. En noviembre de 1999 se publicó el
documento final sobre los trastornos de la alimentación elaborado por
la Comisión del Senado (referido en casi todos los periódicos). En
diciembre se observa un decrecimiento gradual de las noticias de
anorexia.
Fase posproblema.
Situación de baja atención sobre la anorexia o de recurrencias
espasmódicas de interés. Los medios, que ya tienen en sus agendas otros
problemas, contribuyen a que la población enfoque su atención hacia un
nuevo tema. Frecuentemente, si en este período las instituciones o
grupos interesados programan el tratamiento del tema, los medios pueden
realizar una función de recuerdo, reiniciando una y otra vez el ciclo
de noticiabilidad.
Interrupción voluntaria del embarazo (IVE)
Ningún
otro tópico de salud de la mujer es tan ejemplarizante de la
influencia de los grupos de poder en los discursos de los medios como
el del aborto, por su cobertura y los ámbitos de influencia reflejados
en las noticias. Los medios seleccionan los temas, centran su atención
sobre determinadas fuentes y presentan a las audiencias a determinados
personajes que creen más significativos y que responden a su ideología,
quedando desplazadas las opiniones y valoraciones de otras fuentes tan o
más protagonistas de la realidad de las IVE.
Existe
abundante bibliografía sobre las razones por las que un tema aparece y
desaparece de los medios. En el caso de la IVE parece bastante obvio
que los medios reflejan, como foro de discusión que son y desde sus
diferentes ideologías, el debate político producido en las dos últimas
décadas del siglo xx. Por tanto, con la casi desaparición del debate
público, a finales de los noventa, el silencio de la prensa ha sido la
característica principal. Las noticias se redujeron a la tercera parte
durante la última mitad de la década, y a la quinta parte durante toda
ella. Además, las noticias sobre el aborto en la adolescencia han
brillado por su ausencia en toda la década.
Pese
a ser un problema que afecta sobre todo a las mujeres, los medios han
escogido como interlocutores válidos en las noticias de aborto
mayoritariamente a los hombres. Los autores de estas noticias son
también en su mayoría periodistas hombres.
Desde
sus diferentes ideologías, los medios reflejan una realidad de
confrontación social: «Lo que tenemos aquí es una guerra, y no vamos a
detener nuestra lucha hasta que ganemos», dice el reverendo Keith Tucci
(ABC, 6-4-1993). «Dios perdona siempre, el hombre, a veces, y
parcialmente; pero la naturaleza, que no es persona, toma venganza»,
comenta el cardenal López Trujillo (ABC, 30-11-1991). Por otra
parte, el papel de las mujeres cambia en las noticias sobre el aborto,
pues al interrumpir voluntariamente el embarazo
son reflejadas
como culpables, en lugar del estereotipo clásico de pacientes con el
que aparecían en las noticias de los otros temas analizados: «Cada vez
son más las mujeres que prefieren privar al ser que han concebido, en
este silencioso y lento autoexterminio que tiene sus raíces tanto en la
penuria de todo tipo como en la degradación moral que han provocado
siete décadas de régimen comunista» (ABC, 17-7-1991). En este
caso, había una doble culpa, por abortar y por socialistas, pues la
noticia procedía de la ex Unión Soviética.
Es
bastante frecuente que en las noticias sobre IVE no se respete el
derecho a la intimidad pues se identifican los nombres y apellidos y
ubicación de las mujeres que abortan y los de los médicos que realizan
las intervenciones.
Por
último, el espacio mediático se caracteriza por la ausencia de paridad
en cuanto a los papeles desempeñados por los políticos de ambos sexos.
De manera que hay poco espacio y escasas voces defendiendo argumentos
en defensa de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer, que es
un argumento del feminismo socialista. Por tanto, podríamos estar
percibiendo en las noticias sobre IVE el clásico debate entre los
objetivos del socialismo y los feminismos.
Conclusiones
Los
medios de comunicación y la libertad de prensa, instrumentos y
garantía de los sistemas democráticos, también son uno de los
principales instrumentos para aumentar el grado de democracia en las
decisiones que afectan a la salud. En este sentido es preciso seguir
incrementando el enfoque de género en las noticias de los problemas de
salud estudiados. Así, más allá de mostrar el estereotipo de mujeres
pacientes, aumentando la «visibilidad» y la voz de las mujeres con
otros roles, los medios podrían contribuir a la defensa de sus
derechos, al incremento de la pluralidad y diversidad de las fuentes de
información y al aumento de la conciencia en la opinión pública, los
partidos políticos y el resto de las instituciones sociales sobre la
existencia de problemas de salud. Por último, aunque igualmente
importante, los medios deberían canalizar la acción para resolver
cuestiones legislativas, económicas, culturales o ideológicas que
afectan a la salud de la población, y más en concreto la de las
mujeres.
El
posicionamiento de los medios observado, fundamentalmente en el modo en
que muestran y tratan los temas de salud -tanto de forma positiva como
negativa, o disminuyendo su presencia-, enseña a la audiencia pautas
de valoración y procesos de afrontamiento de estos problemas de salud,
aunque también culpabiliza a parte del público.
Hay
numerosos ejemplos de prácticas de atribución de poder
(democratizadoras sí se prefiere), y también de lo contrario. Las
mujeres y los colectivos menos representados son los que más tienen que
ganar o perder en este proceso.
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